BEATO JACOBINO DE CANEPACIS

 

Beato Jacobino de Canepacis

Su vida

Nació en Piasca, diócesis de Vercelli (Italia), el 1438. Sus padres, buenos cristianos, le educaron en todas las virtudes humano-divinas. El niño y el joven Jacobino iba poco a poco asimilando estas enseñanzas.

Siendo ya un joven maduro y atraído por la especial devoción que conoció que los carmelitas profesaban a la Santísima Virgen, pidió ser acogido entre ellos.

Desde un principio rogó ser admitido como hermano de obediencia y se puso al servicio de todos y a disposición incondicional tanto de los superiores como de todos los demás hermanos.

Al profesar, el primer oficio que le encargaron los superiores fue el de limosnero. Malos tiempos aquellos para la débil economia conventual. Abundaban también las pestes y otras enfermedades. Todo ello contribuía a la penuria que reinaba en casi todos los conventos.

Fray Jacobino recorría, con gran sacrificio y bondad, calles y plazas, tanto de Vercelli como de otros pueblos vecinos, para recoger cuantas limosnas le daban los buenos cristianos.

Con estas limosnas, además de ayudar a su propia comunidad, ayudaba también, con permiso de los superiores, a cuantos pobres encontraba a su paso.

Otro cargo que también desempeñó con la admiración de todos fue el de portero del convento de Vercelli durante muchos años. El sabía muy bien que cuantos visitan los conventos la imagen que se llevan de él es lo que les ha dado el Hermano portero. El Hno. Jacobino procuraba dar buen ejemplo siempre y a todos con su afabilidad, humildad y exquisito trato. Todos quedaban admirados de su bondad y le tenían por santo.

Lleno de méritos, a los 70 años de edad, y después de habérselo anunciado la Santísima Virgen María, expiró en el Señor el 3.3.1508, en el convento de Vercelli.

Se le conoce con el doble nombre de Jacobino de Canepacis o de Crevacuore.

El papa Gregorio XVI, el 5.3.1845, aprobó su culto inmemorial.

Hasta el Concilio Vaticano II se celebraba su fiesta el 3 de marzo.

Su espiritualidad

Su espiritualidad brotaba de su vida interior. Era sencilla, transparente, evangélica.

A cuantas personas tenían trato con él, que fueron muchas por su doble oficio de limosnero y portero, les influía sus sentimientos de fe y caridad con sus palabras y con su buen ejemplo.

Dos fueron, sobre todo, los focos de su vida espiritual: el amor a Jesús Eucaristía en cuyo altar pasaba largas horas, y la Santísima Virgen, Madre de la Orden, a la que acudía con filial afecto y confianza en todos sus asuntos.

El historiador Juan Bale, dice de él, en 1527:

"En el convento de Vercelli, de la pronvincia de Lombardía. reposa el cuerpo del bienaventurado padre Jacobino, fraile lego llamado de Crevacuore. Fue portero del convento de Vercel Ii, brilló por su santidad admirable, aunque desconocía de los hombres".

También se dice de él que tenía tanta caridad que daba a los pobres "su propia ración de pan y vino y que oraba y trabajaba mucho".

Su mensaje

 

Su oración

Oh Señor, concédenos, por intercesión de tu confesor, el bienaventurado Jacobino, el espíritu de oración y de penitencia; para que, siguiendo sus magníficos ejemplos, alcancemos la gloria eterna. Amén.

Image of floral bouquet

From Los Santos Carmelitas by P. Rafael María López-Melús